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Bajo el lema “Haz que vea… las huellas del amor”, el Colegio Sagrado Corazón de Venta de Baños ha vivido una de esas celebraciones que nos invitan a parar, recordar y mirar con esperanza. Alumnos y alumnas de Infantil, Primaria y Secundaria se reunieron para celebrar juntos la festividad de Todos los Santos y recordar también a los Fieles Difuntos.

Un camino de huellas hacia Jesús

Durante las semanas previas, cada clase trabajó la figura de un santo. Pero no queríamos quedarnos únicamente en conocer su historia. Los alumnos fueron descubriendo qué necesidades supieron ver aquellas personas en el momento que les tocó vivir y, sobre todo, qué hicieron para responder a ellas.

Durante la celebración, cada grupo compartió lo aprendido y fue colocando una gran huella en el escenario, construyendo entre todos un camino hacia Jesús. Una manera sencilla de recordar que la fe no se queda únicamente en las palabras, sino que también se demuestra cuidando, acompañando y estando atentos a quienes tenemos alrededor.

Recordar desde la esperanza

Uno de los momentos más especiales llegó con la lectura del cuento “¿Y si morir fuera como convertirse en mariposa?”. A través de la conversación entre un niño y su abuelo, pudimos acercarnos a un tema tan difícil como la pérdida desde una mirada llena de cariño y esperanza.

También hubo un momento de silencio para recordar a nuestros seres queridos. En un rincón iluminado por una vela y acompañado por tres corazones —Gracias, Recuerdo y Esperanza—, dimos gracias por todo lo vivido junto a esas personas y por todo lo que dejaron en nosotros.

El olivo del recuerdo

Como ya es tradición en nuestro colegio, la celebración continuó después alrededor de nuestro olivo del recuerdo. Cada alumno había preparado previamente en familia una cinta con los nombres de sus seres queridos fallecidos.

Por turnos, las diferentes clases fueron acercándose al olivo para colocar sus lazos en las ramas. Los alumnos mayores acompañaron a los más pequeños durante este momento, convirtiéndolo también en un bonito gesto entre diferentes edades.

El olivo permanecerá adornado durante estos días como símbolo de todas esas personas que continúan formando parte de nuestra historia. Porque el amor que recibimos sigue dando fruto.

Seguir dejando nuestras propias huellas

La jornada estuvo acompañada también por la música, con canciones como Recuérdame, Tú estás o A corazón abierto. Y antes de terminar, cada clase asumió un pequeño compromiso inspirado en el santo que había trabajado.

Porque recordar a quienes dejaron huella también nos invita a preguntarnos algo muy sencillo: ¿Qué huella queremos dejar nosotros en los demás?

Una celebración para recordar, agradecer y seguir aprendiendo a mirar con el corazón.